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viernes, 21 de febrero de 2014

Tu mano

Después de tanto tiempo logré coger tu mano.
Caminamos unos pasos más y me pediste que metiera la mano en el bolsillo de tu abrigo, empezaba a hacer frío:  ¡vale! te dije con entusiasmo oculto. Las sensaciones recorrieron un largo espacio de tiempo para desintegrar de un plumazo todas las cosas que separaban el antes y el ahora: tu boca, la foto de la salita y un beso inexistente. Cambié mi reino por tu mano.  ¡¡Mis ropas son tus ropas!! Con esta liturgia preparamos el comienzo.