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lunes, 9 de diciembre de 2013

BICHITO

Un bichito diminuto trepó por mi espalda una mañana,
sin aparente intención.
Hizo suya mi nuca, primero.
Subió más arriba, después,
y desplegó sus armas en mi cabeza:
inoculó en ella todo el océano, de dudas.
Un agradable desorden campa hoy en mi pecho donde,
un bichito diminuto decidió establecer su cuartel general

HUELLAS

Dejar la impronta en unos folios inmaculados.
Quizás es un acto que no tiene importancia, seguro que no.
Los dedos mancillados de tinta que no se desprende.
Pero valió la pena el intento, 
a pesar de las circunstancias,
en un día como este, tan reivindicativo.
Yo tenía cinco años,
y recuerdo aquel pez al que corté la cabeza.
Fue en Narbona. Sólo tenía cinco años.
¿Quedará algún rastro de aquel crimen?
Lo siento, pez.

ESPIRAL

A la hora en que el silencio se expande
yo me extiendo sobre mi mesa,
como un gato gordo y aburrido.
Ocupo cada accidente, cada hueco en ella.
Lanzo bolas de papel a los fantasmas que me pretenden.
Soy el pequeño rey de un reino diminuto
donde las espirales no giran.
Espero el paso de un tropel de caballos
para echarme a sus pies.