- Gentes envuelta en plástico celofán sentada en un inmenso sofá de terciopelo rojo. Estaban amordazados con retales mugrientos. La estancia era grande y todos miraban hacia arriba para ver las estrellas a modo de planetario. De pronto un estruendo enorme y todos parecieron volverse locos: ojos desorbitados, las velas rodaron por el suelo pero no se apagaron, no hubo manchas. Un gato salió disparado de la habitación con miedo en su mirada, y yo allí, con los miembros paralizados y agónico. Mi cabeza se separó del cuerpo hasta casi no verla, estaba muy arriba, sin capacidad de hacer cálculos. Temí caer y me aferré a la cola de un caballo que pasaba por allí. Vi a mi abuela que no me saludó, estaba rígida en su ataúd. No me importó que la vecina de abajo apagara un cigarrillo en el ascensor. Un olor agradable me llevó hasta una fábrica de cremas para el calzado y allí establecí mi cuartel general, hasta hoy.
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miércoles, 14 de marzo de 2012
CELOFÁN
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