Hoy como ayer no tengo ganas de hacer nada, sólo estar aquí sentado,
frente al fuego, con la botella en la mano y de vez en cuando empinar el codo.
Comprendo hoy más que nunca a aquel señor de frágil equilibrio al que
insultábamos en la calle: “Lindo” le llamaban. --¡Lindo, borracho!-- le
gritábamos. Fuimos crueles y fuimos niños.
Todas las noches salía del mismo bar con unas botellas bajo el brazo. El “ Lindo ” le llamaban. Ay, que vida esta.
Se está bien al abrigo del sopor. Hoy soy consecuente con mi estado de apatía
generalizado, ¿o no? Mientras tanto Tchaikovsky me observa desde una estantería; Interpreta la “patética”. Es una música excelente para una escena en blanco y
negro.
El fuego me toca los pies, un poco. Me levanto y me miro en el espejo: labios
carnosos. ¿Son míos esos labios? Cada día descubro una línea. He de esconder
espejos. Deseo una superficie helada
para mí. Aquel gato sí tenía la mirada perdida, y yo con mi cuchillo de
explorador intentando rescatársela y..., murió
Me emocioné al comprobar esas fechas en que era feliz, y casi lloré. Un
sol radiante en esa primavera en la que paseaba con mi gato y tú conmigo. Bach
si que es un dios:
MISERICORDIA.
Se me difumina la oscuridad... y el alma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario