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lunes, 9 de diciembre de 2013

HUELLAS

Dejar la impronta en unos folios inmaculados.
Quizás es un acto que no tiene importancia, seguro que no.
Los dedos mancillados de tinta que no se desprende.
Pero valió la pena el intento, 
a pesar de las circunstancias,
en un día como este, tan reivindicativo.
Yo tenía cinco años,
y recuerdo aquel pez al que corté la cabeza.
Fue en Narbona. Sólo tenía cinco años.
¿Quedará algún rastro de aquel crimen?
Lo siento, pez.

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