Quizás es un acto que no tiene importancia, seguro que no.
Los dedos mancillados de tinta que no se desprende.
Pero valió la pena el intento,
a pesar de las circunstancias,
en un día como este, tan reivindicativo.
Yo tenía cinco años,
y recuerdo aquel pez al que corté la cabeza.
Fue en Narbona. Sólo tenía cinco años.
¿Quedará algún rastro de aquel crimen?

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